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Artículo enviado a nuestra redacción por Rosana Beatriz Fisichella
Licenciada en Educación
Profesora del Dpto. de Pedagogía de la Universidad J.F. Kennedy
Buenos Aires - Argentina
 
 

Leer quiere decir también otorgarse el derecho de juzgar lo que se lee.

Cornelius Castoriadis

 

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Introducción al problema

El trabajo con docentes, plantea la comprensión lectora de los niños como una problemática difícil de superar. Creemos que esto tiene varias fuentes: por un lado la noción de alfabetización ha cambiado con el devenir histórico, por otra parte, la multiplicidad de estímulos y de soportes con los que se enfrentan los alumnos se multiplica día a día. Los paradigmas de las disciplinas que enseñamos también han cambiado y ante tantos cambios, los docentes nos encontramos muchas veces, desinstrumentados para la enseñanza.

 

Observamos que muchos de los problemas de aprendizaje  y una causa importante del fracaso escolar, devienen de la dificultad para comprender los textos que se leen, tanto bibliografía específica, documentos, periódicos, consignas, páginas de Internet, facturas, publicidad, información general, chistes. Emilio Sánchez Miguel describe esta situación de no-comprensión de la lectura con la metáfora “caminando a oscuras”, presentimos que todos alguna vez hemos tenido esa sensación, sabemos de lo frustrante que resulta, pero también sabemos que quien no puede abandonar esta situación, no lo hace alegremente.

 

La alfabetización es un proceso constante que no finaliza con la escolarización, ni siquiera en la universidad. Somos lectores a lo largo de toda nuestra vida, y con el ejercicio de la lectura no sólo mejoramos aspectos mecánicos como la velocidad, sino que aprendemos a interpretar con mayor riqueza en la medida que nuestra experiencia, nuestra relación con los objetos de conocimiento, aumenta. Ahora bien, ¿quién debe enseñar a leer sino la escuela? Leer en el Siglo XXI tiene connotaciones diferentes a las del siglo pasado. Tanto como exigencias. Si entre los objetivos de la escuela tenemos el de formar sujetos críticos, nos cuestionamos hasta qué punto es posible si ni siquiera alcanzan a comprender lo que leen. Mal se puede entonces ser capaz de criticar el material, sacar conclusiones, elaborar estrategias de acción, ser un sujeto activo en la realidad social.

Vivimos en una sociedad que ametralla con discursos cuya narrativa se expresa mediante imágenes visuales y auditivas, pero también escritas. No alcanza, pues con decodificar el mensaje, es necesario analizarlo, comprenderlo, interpretarlo, extraer conclusiones, posicionarse ante los discursos.

La diversidad cultural presente en nuestras aulas también nos presentan desafíos que si aprendemos a capitalizarlos pueden ser muy enriquecedores, porque cada lengua, denota un modo particular de ver el mundo y de vivirlo. Los docentes, de fuerte tradición homogeneizadora, también estamos transitando nuestro proceso de aprendizaje.

 

Qué entendemos por alfabetizar

Para definir la alfabetización o determinar el significado de comprensión lectora, debemos definirlos en términos históricos. Hace doscientos años, tal vez saber firmar era suficiente; cien años después, los rudimentos de la lectura y la escritura alcanzaban para el desempeño  general del común de la gente. Estos tiempos exigen de un ser alfabetizado, procesos más complejos que tienen que ver con:

  • La lectura y escritura de la realidad, no sólo de textos.
  • Soportes más sofisticados (Internet, video, cine, publicidad, marketing, etc.)
  • El establecimiento de relaciones entre los distintos componentes de la realidad.
  • La  magnitud de información que recibe una persona en un año supera a la que el hombre de la antigüedad recibía a lo largo de toda su vida., valorarlos, compararlos, criticarlos, tomar posición ante ellos.
  • La capacidad de relacionar diferente información y que además puede provenir de diferentes lenguajes y soportes.
  • La capacidad de buscar información y relacionar textos que nos permitan profundizar en la bibliografía, sean éstos libros, o páginas de la Web (lo hipertextual).

Es  casi  inevitable  decir  que  cuando  se  lee  se  comprende,  sino  ¿para  qué  leemos?

Por otra parte, dentro de la escuela, la escritura y la lectura han perdido su valor comunicacional. Se lee para responder al diseño curricular, para tomar oraciones y analizarlas sintácticamente, para extraer ideas principales de textos que, además ya vienen resumidos y sintetizados en muchos casos, tornando muy dificultoso, aún para lectores expertos, categorizar ideas. Si cambiamos la concepción de la lectura, si nos posicionamos desde otro lugar, se irán planteando cambios en varios sentidos. Cambios  a nivel de las estrategias, de los tiempos destinados a la lectura, de espacios físicos, de dinámicas grupales, etc. Pensamos que el material de lectura debe ser un recurso para la solución de problemas escolares y de la vida cotidiana. Lo que se repite en muchas prácticas es que los materiales de lectura se adaptan  a  la escuela (a los contenidos, a los tiempos, a la psicología cognitiva, a la didáctica, etc.) y lentamente hay que ir pensando en estas cuestiones naturalizadas, para modificarlas. Al momento de leer, cualquier texto es válido, obviamente si el contenido lo es.

No se concebía la lectura independientemente de la comprensión. La lectura como decodificación, como comprensión y como actividad placentera es un problema actual. Ahora bien cómo lograrlo a sabiendas de que la necesidad antecedió a la oferta educativa. La escuela está intentando hacer frente a una realidad para la que no se había preparado. Desde este punto de vista, la tarea docente es una apuesta a futuro y aquí pareciera que no logramos alfabetizar para lo ya pasado.

El niño-alumno-usuario-ciudadano actual necesita de otras competencias lectoras.

Otra cuestión no menos importante, tiene que ver con el acceso a la lectura y las posibilidades de inclusión social. Vivimos en un mundo en donde el conocimiento no es sólo capital simbólico, o parte del capital cultural. Es quizás el valor que marca la diferencia, aunque no es garantía, entre estar en una posición socio-económica o no. Entonces la escuela se convierte así en una segunda oportunidad frente a la exclusión. Dice Tomás Eloy Martínez: "mientras el venturoso castellano vierte sobre nosotros océanos de información por procesar y de libros por leer, la globalización engendra a la vez abismos de desigualdad. Allí donde el silencio reemplaza a la lengua, los seres humanos están condenados a ser menos humanos".

Leer y estudiar en los tiempos de la Internet, aún cuando no se disponga de ella en la escuela, implica ayudar a nuestros alumnos a desarrollar estrategias para definir el objeto de una búsqueda, para hacer búsquedas apropiadas y seleccionar y organizar lo buscado y desde allí adoptar posturas críticas ante lo leído.

La alfabetización tiene que ver con ese proceso mediante el cual un sujeto es incorporado al uso de la lengua y se apropia de ella.  El lenguaje crea ideología, crea pensamiento, crea subjetividad, crea cosmovisión y parte de ella. Este proceso era concebido como privativo de la educación escolarizada, y sabemos que no es así. Esa escuela homogeneizadora que trasmite un lenguaje común, que no acepta las diferencias conduce a que la cultura que cada miembro porta no pueda ser incluida, reconocida, legitimada en la escuela, entonces debe ser ocultada. Luego entonces si partimos de la hipótesis de que se aprende desde lo que se sabe, y que cada nuevo aprendizaje no es más que una reconstrucción de los viejos, entonces no tenemos desde dónde anclar lo nuevo que le vamos a enseñar a nuestros alumnos.

Ciertamente tenemos escuelas modernas con maestros modernos y alumnos posmodernos con problemas posmodernos que van a vivir en un mundo diferente al conocido por nosotros. Los maestros hemos aprendido a leer apoyándonos en la memoria y en la lectura global. Pero ocurre que nuestros alumnos no tienen capacidad de evocación porque desde hace aproximadamente veinte años que hacer estudiar una poesía de memoria era algo así como una “herejía didáctica” y  se supone que han aprendido por descubrimiento. Tampoco tienen una visión global porque viven en la cultura del zapping, de la imagen fragmentada. Tal vez tengamos que pensar que la manera de acceder al aprendizaje de la lectura que nos fue útil a nosotros, no lo sea con estos niños y jóvenes. Pero en cambio podemos aprovechar el hecho de que la mirada fragmentaria y el aprendizaje por descubrimiento les  permite identificar palabras clave con rapidez, decodificar las imágenes –actividad en la cual poseen mucho entrenamiento- y inferir procedimientos –pensemos en los jueguitos electrónicos- se convierten en insumos altamente positivos para la lectura. ¿Qué obtendremos si nos apoyamos en esos saberes y abandonamos las estrategias que se sirven de aprendizajes poco construidos, y que nos seducen porque es lo que conocemos?

 

Qué entendemos por comprensión

Los niños y los adultos gustamos más de la lectura cuando comprendemos lo que leemos.

Dado que la comprensión es la meta de toda lectura, entendemos que un lector comprende un texto cuando puede ponerlo en relación con lo que ya sabe y con sus intereses, cuando puede incorporar los contenidos de ese texto a sus estructuras cognitivas. Luego entonces, surge de una interacción entre lo que dice el texto, lo que  conoce y busca quien lee y el contexto del texto y el contexto del lector. Por ello el lector tiene que interactuar con el texto desplegando una importante actividad cognitiva, necesita actuar sobre el texto, dialogar con él. Sobre este punto, Mabel Pipkin Embón  sostiene que “el diálogo con el texto y con otros constituye el punto de partida para establecer una relación verdadera con uno mismo. Ese diálogo consiste en un camino que no está prefijado de antemano, que no consiste en una exposición dogmática y teórica, pero sí impone ciertas modalidades que surgen del conocimiento y experiencia del lector así como de las características del texto. Es justamente una contienda, una conversación con el punto de vista del autor, de otras personas, pero sobre todo con uno mismo, es preciso rectificar o ratificar actitudes, convicciones, puntos de vista, experiencia y es por eso que ese diálogo es el precursor del pensamiento y de la reflexión”. Para ello debe llegar al texto con las preguntas que sobre él tiene, relacionar la información que aporta el texto con sus conocimientos previos, realizar inferencias, anticipar, adivinar, formular hipótesis y ponerlas a prueba, volver sobre el texto, compartir las interpretaciones, etc., y además ser capaz de rescribirlo. Agrega Mabel Pipkin Embón, “leer es ineludiblemente escribir, la persona que lee compara con sus propios conocimientos, es un transformador de textos, crea escritos a partir de lo que lee.”

Comprender significa poder poner en relación la información que trae el texto con los conocimientos que posee la persona que lee o aquella a quien le lean y también con lo que busca un lector en el texto. Por lo tanto, es previsible que diferentes lectores partan de distintos conocimientos, aunque estén en el mismo grado, en el mismo nivel escolar, aunque hayan asistido a las mismas clases. Porque los conocimientos que tenemos dependen en buena medida de lo que hayamos trabajado en clase, pero también de informaciones recogidas en otros ámbitos de nuestras vidas.

Podemos inferir que existe una construcción sobre la base de representaciones previas, las que a su vez se re-estructuran en un mayor nivel de complejidad y que el significado no está en el texto, sino que es el resultado progresivo de la construcción que realiza el lector.

 

Qué entendemos por lectura

Desde nuestro punto de vista, la lectura tiene que ver con la construcción de sentidos y con la formación del discurso, o sea actividades del lector y del escritor. Leer no es decodificar, sino procesar la información, es interrogar al texto a partir de  las marcas que el mismo aporta. Es un proceso destinado a construir significado. Para ello, es preciso tener en cuenta que las palabras cobran significado desde los discursos que las sostienen. Los discursos, no son sólo elementos del lenguaje, sino que son el producto de prácticas concretas, que se naturalizan circulando en los grupos sociales como verdades que de alguna manera, determinan relaciones entre los miembros de la misma, disponiendo relaciones de poder y modos particulares de vincularse.

El genial escritor y semiólogo Umberto Eco (1.981) afirma que ningún texto se lee independientemente de la experiencia que el lector tiene de otros textos ni de la perspectiva ideológica personal, que forma parte de la competencia de ese lector, aunque él mismo no sea conciente de ello.

 

La enseñanza de la comprensión

¿Es posible enseñar a comprender? No lo sabemos, pero estamos convencidos de que sí es posible ofrecer estrategias para estimular el pensamiento. En principio, enseñar comprensión implica entender que es un proceso del pensamiento, y esto tiene que ver con la manera particular en que cada uno piensa y además cómo resuelve problemas.

Entonces, si cada uno comprende de diferente modo, ¿qué podemos hacer los docentes?

Básicamente tres cosas:

  1. Ofrecer cantidad y variedad de estímulos.
  2. Diseñar estrategias lo suficientemente flexibles como para que cada alumno acceda a ellas desde sus propios marcos conceptuales.
  3. Tener la suficiente apertura como para aceptar las diferentes interpretaciones que puede tener un texto.

Partiendo del objetivo de la enseñanza del área de Lengua que es formar lectores  y productores de textos adecuados y eficaces para las situaciones comunicacionales que predominan en la sociedad, entonces, ¿enseñamos a nuestros alumnos para que aprendan un determinado contenido, o enseñamos para que sean capaces de seguir aprendiendo, enseñando para que aprendan a aprender?

 

Acerca del sentido

En la tarea de reelaboración y construcción de sentido, la reflexión discursiva se torna un soporte principal de la actividad de comprensión: ¿De qué tipo de texto se trata?, ¿Cuál es la estructura y cómo se relaciona con los contenidos y las funciones del texto?, ¿De qué recursos se vale el autor para informar, describir, narrar, convencer?, ¿Quiénes son los destinatarios, los “lectores ideales”?, ¿Qué marcas de objetividad / subjetividad podemos rastrear? Todos estos aspectos incidirán en la producción del nuevo texto, que representa la instancia de síntesis entre escritura y comprensión: cómo se ensamblan en el escrito original y cómo guían, afectan, obstruyen o apoyan el proceso de la comprensión lectora, se verá reflejado en el contenido que el lector privilegie y la forma que dé a su propio texto. En el proceso de re-escritura, de nueva construcción de sentido a través del resumen o la crítica, se repite en el lector-ahora-autor el mismo tipo de reflexión discursiva: ¿para qué / quién escribe?, ¿Cómo desarrolla los contenidos en relación con la función del texto (resumir/ criticar)?, ¿Cuánto / cómo se distanciará del texto?, ¿Qué otras lecturas o conocimientos pondrá en juego al elaborar su síntesis?  Nuevamente acudimos a las inferencias para completar las lagunas informativas o relacionar partes del esquema. Aquí el papel de los saberes previos ocupa un lugar preponderante, en tanto facilita la formación de la macro-estructura del texto, la estructura jerárquica del mismo.

Ser alfabetizado designa un proceso de desarrollo permanente, inacabado.

Algunas recomendaciones para implementar rápidamente en la escuela:

  • Ubicar la / las bibliotecas en lugares accesibles (por ejemplo los pasillos) de manera tal que los alumnos tengan rápido acceso a los libros. De ese modo, podrán llevarlos a sus clases, podrán también tomarlos para ir al recreo, recomendarán a sus compañeros, los leerán cuando dedn por terminada una actividad. (¡No tema! No se los roban, y de ser así, será para leerlo!!!!!!)
  • Solicitar ayuda a los padres dispuestos para aumentar la cantidad de libros de la biblioteca y la calidad y variedad de libros disponibles tanto para los niños como para los maestros.
  • Invitar a escritores a la escuela.
  • Organizar Ferias del libro.
  • Leer por lo menos cuatro libros de literatura infantil por año, independientemente de los manuales o libros de texto. Sólo por el placer de leer.
  • Invitar a los abuelos a leer.
  • Leer las producciones escritas de nuestros alumnos.
  • Participar de eventos vinculados a la lectura.
  • Organizar el Maratón de Lectura.

En definitiva crear un ambiente que estimule la lectura. Desde luego que hay métodos de lectura que tienen sustento teórico y facilitan la tarea tanto del docente como del niño o el adolescente, pero estas cosas sencillas, pueden mejorar el nivel de comprensión lectora, y está al alcance de todos los docentes convencidos de que es función nuestra trasmitir este valioso capital que es la lectura.

 

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