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Artículo publicado el 15 de Mayo del 2009
en el suplemento Educación Inicial
del diario El Comercio
Lima-Perú

 

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Toda primera experiencia lleva consigo un cierto grado de temor e inseguridad. Por ello, para algunos niños, el hecho de visitar por primera vez el nido puede ser una experiencia divertida. Sin embargo, para otros, el peor día en sus cortas vidas. Aquí unos útiles consejos para que lo segundo no suceda.

A diferencia de antaño, hoy los niños tienden a socializar con sus pares desde que son muy pequeñitos. Algunos, desde el primer o segundo año de vida, ya asisten a clases de estimulación temprana junto a sus padres.

A fin de que nuestros hijos desarrollen habilidades a paso acelerado, no sólo se han creado los centros de estimulación temprana. "En la actualidad, algunos colegios no sólo ofrecen al alumnado el conocido kindergarten que se inicia a los 5 años de edad. Hoy, están además, el Nursery para niños de tres años y el Prekinder para aquellos de cuatro", señala la profesora de nivel inicial, Elinor Heraud Rouillon.

Los nidos, que existen desde que tenemos memoria, son aún la opción preferida por los padres hasta que los niños cumplen los cuatro años de edad y deben preparase para ingresar al colegio. "En los nidos el trato es más personalizado y no hay que enfrentar al niño a un lugar tan grande como es el colegio, sino a un lugar más cálido, que de alguna manera se asemeja a su hogar, y donde compartirá el día con pocos niños de su misma edad, y no con muchos otros como ocurre en los colegios", dice la profesora Heraud.


 

Extensión del hogar

No olvidemos que el nido es la primera extensión del hogar, su segundo agente socializador, donde plasmará sus relaciones interpersonales, medirá fuerzas con otros niños, compartirá, se sentirá feliz rechazado.

"La seguridad que el niño demuestre en su primer día de clases dependerá mucho de los vínculos que haya desarrollado con sus padres. No hay que olvidar que recién a los tres años el niño plasma en su mente las figuras primarias así como sus primeros objetos de amor que son sus padres y que lo acompañarán toda su vida otorgándoles o no seguridad, según el tipo de relación que haya mantenido", señala la psicóloga Juani Valenzuela.

"Si desde los primeros meses de vida, el niño establece un lazo de amor con su madre, más adelante, la confianza y su relación con el mundo será saludable y enriquecedora. Si en cambio ha sufrido abandono, falta de cuidados y de ternura, la experiencia de afrontar el universo que le rodea se dará en condiciones de mucha desconfianza, generándole un alto grado de inseguridad", acota la psicóloga Valenzuela.

Como señala la profesora Heraud, "cada niño es un mundo distinto. Llegan al nido o a inicial cargados de experiencias que se traducirán en una determinada conducta. Hay niños que desde el primer día de clases se muestran sueltos y alegres; no necesitan aferrarse a la madre para no sentir el vacío de quedarse solos. En cambio otros, como por ejemplo aquéllos de madres sobre protectoras, sufrirán la separación de manera más traumática. Hay casos en que los niños lloran y no se adaptan hasta la segunda o tercera semana". Pero finalmente, como menciona la profesora, todos lo logran. "Es simplemente cuestión de tiempo, de familiarizarse para lograr la seguridad que requieren".

 

El primer día en compañía

Es una buena sugerencia que el primer o los primeros días de clase sean los padres quienes lleven a su hijo al nido o a inicial. "No debemos someter al niño a cambios muy bruscos a los que no está acostumbrado. Al niño le causará dolor desprenderse de su madre, pero poco a poco irá tomando confianza en la medida que sienta a este nuevo entorno como un segundo hogar. Además, cabe precisar, que las profesoras están capacitadas para que esta nueva experiencia que el niño debe enfrentar de separarse de sus padres no sea muy dolorosa. "Asimismo, aparte del cariño con que se les trata, existen diversas técnicas que puede utilizar el niño para que no se sienta tan solo como traer un pequeño dibujo de toda su familia a clases", dice la psicóloga Valenzuela. Muchas veces, las angustias que una persona experimenta de adulto, tienen sus orígenes en esta etapa de la vida si ésta fue dura y traumática. Aparentemente pareciera que fue olvidada pero subsistirá por siempre en el inconsciente.

 

Consejos

Si percibe que su hijo puede mostrar algún temor ante el primer día de clases, llévelo los días previos al colegio para que se familiarice con las personas que empezará a ver todos bs días: su profesora, la auxiliar, el portero, la directora, entre otros. Mientras más personas conozca, sentirá mayor confianza.

Asimismo, es de gran ayuda que visualice su nuevo espacio escolar. Llévelo al aula donde pasará el día, enséñele el patio del colegio donde jugará con nuevos amiguitos, el comedor, el baño, etc.

Si el niño se siente mejor llevando algún juguete al nido, ¡adelante! Ese peluche del que nunca se desprende, será como llevar a la mamá o a parte del hogar a su nuevo espacio.

Trate de que su hijo no viva su mundo en soledad. Promueva la unión con sus primos o la invitación de amiguitos en casa. Es fundamental que desde pequeñitos estén con niños de su misma edad.

Hogar y Nido

El tipo de educación que el niño recibe en el nido o en el nivel inicial debe ir en consonancia con aquello que vive dentro de su hogar. Por ejemplo, en sus primeros días le podrán enseñar que cada cosa tiene un lugar y donde debe guardarse. Y esto debe reforzarse en el hogar. Si las actitudes fuera y dentro de casa entran en contraposición, lo más probable es que se genere una confusión en el pequeño, quien finalmente no sabrá cómo comportarse o a quien hacer caso. Por ello es recomendable estar en constante comunicación con los profesores de sus hijos para conocer cómo de desenvuelve en su nueva vida y qué aspectos podrían mejorarse. Así lo asegura la profesora Elinor Heraud.

Los niños, que por cuestiones laborales no tienen a sus padres o no se quedan al cuidado de algún familiar, sino únicamente a cargo de la nana, fácilmente sufren un retardo en sus habilidades con respecto a sus pares. Para ello, la profesora Heraud sugiere a las mamis trabajadoras, ejercitar a las nanas en el cuidado infantil.

Actualmente, existen lugares creados para este fin donde se les enseña a las nanas cómo tratar afectivamente a los niños y motivarlos a través de juegos y diversas actividades.

 

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