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Patricia Rivera R.
Psicóloga del 6º, I y II de High School
Abraham Lincoln School
www.abrahamlincoln.edu.pe
Lima - Perú
 
 
 
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El pensar, cómo es que nuestro hijo se está forjando su futuro, es una idea que muchas veces nos quita el sueño. Pensar en su actitud en el colegio es una de nuestras mayores preocupaciones, su relación con los profesores y con el resto de los compañeros, es crucial; y más aún si percibimos desmotivación y desgano en las tareas, síntoma común en los adolescentes. ¿Qué hacer?
 
  1. Algunos adolescentes, pueden estar frente a un libro bastante tiempo, sin embargo, sus pensamientos no están precisamente en el libro, esto sé debe básicamente a una falta de hábitos. Dichos hábitos se adquieren por repetición de actos, dedicando todos los días a un tiempo de estudio, a pesar de que escuchemos términos tales como: "no tengo tareas..", "no tengo nada que hacer"; pues acceder a esos términos nos aleja cada vez más de lo que llamamos "hábitos".
  2. Crear un ambiente de estudio no es la actuación de unos días concretos sin continuidad, para tratar de conseguir unos objetivos educativos. Crear un ambiente de estudio significa una actuación sistemática, perseverante para conseguir los objetivos marcados.


  3. Existe en algunos ansiedad ante los exámenes; es muy importante explicarles que la ansiedad se manifiesta en tres niveles de respuesta: a través de los pensamientos negativos que tienen: "no soy bueno", "siempre salgo desaprobado", etc., a través de sus cambios fisiológicos (dolor de estómago, sudoración, palpitaciones, etc.) y el tercero, se manifiesta a través de movimientos excesivos, que lo pueden llevar hasta el abandono del examen. Por todo ello, la intervención debe de darse también en esos 3 niveles, empezando en los pensamientos, descartando los pensamientos negativos y catastrofistas, centrando la atención más en lo que tiene que hacer, en el aquí y en el ahora, y pensando en las consecuencias positivas e inmediatas que va a tener si se enfrenta al examen, con una ligera preocupación y no una ansiedad.
  4. Hay que pedirles que estudien sin que se note que los estamos sermoneando, ya que el insistir en un adolescente, puede ser contraproducente.
  5. Debemos de valorar el esfuerzo y la dedicación de nuestro hijo al estudio más que a sus resultados. No ha de centrarse toda la valoración de nuestro hijo en sus notas. Hay que mirarle como persona y en un contexto más amplio que el mero rendimiento académico.
  6. Debemos de seguir el día a día de nuestros hijos, saber todo acerca de sus estudios y responsabilidades. El criterio es que cuando son más pequeños, más de cerca hemos de hacer el seguimiento de las tareas, pero, conforme van creciendo y han ganado en autonomía y responsabilidad, les podemos dar más distancia en el seguimiento. Sin embargo, hay que guardar un equilibrio entre dos posturas extremas: hacer un seguimiento pormenorizado, que puede resultar agobiante, y otra es, no preocuparnos por sus cosas, seguirlo a mucha distancia, de manera que indique despreocupación por nuestra parte. El criterio como se ha dicho antes, es ir de más seguimiento a menos según va teniendo más años, pero cada caso es único.

 
Recuerden que resaltar sus éxitos, aunque sean, o nos parezcan pequeños, es una pieza clave para mantener el interés.
 

 
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