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Cómo preparar a tus niños para el examen de ingreso al colegio PDF Imprimir E-mail
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Artículo publicado el 2 de Mayo del 2010
en el Suplemento Mi Hogar
Diario El Comercio
Lima - Perú
 
 
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En pocas semanas, Manuelito rendirá un examen de admisión en un colegio donde sus papás quieren que estudie. Se quedará con una profesora amable -pero extraña al fin y al cabo-, quien le pedirá que dibuje a una persona (completita, por favor), que coloree (y ojalá no se salga de la línea), que salte en un pie (perfectamente, en lo posible) y algunas cosas más. Luego le pedirán que regrese otro día para jugar con un grupo de niños desconocidos, lo que le permitirá al colegio evaluar sus habilidades sociales. En medio de esto, Manuelito percibirá cierto grado de tensión en sus padres, aunque lo miren con una sonrisa de oreja a oreja. ¿Podemos pretender que el pequeño asuma sin estrés todo este proceso?
 
Como cualquier profesional que enfrenta su primer día de trabajo en una empresa, con cierto temor e inseguridad, Manuelito sentirá lo mismo y no será tan ducho para ocultar -menos controlar- estos sentimientos, porque no tiene la experiencia de vida de un adulto. Por eso, para tratar de que todo se desenvuelva de la manera más tranquila posible, consultamos a profesoras de nidos y a psicólogas. He aquí sus consejos.
 
 
Cómo prepararlos
 
Para empezar, la psicóloga Silvia Ochoa aconseja: "No se les debe comentar nada acerca de una evaluación, porque eso podría bloquearlos. Conviene decirles: 'Estamos conociendo este colegio, los profesores quieren conocerte a ti, no saben cómo eres ni todo lo que sabes, por eso te harán preguntas. También tú puedes preguntar lo que quieras. Yo te recojo luego y vamos a tomar algo juntos'. Incluso hay símbolos que se les puede dejar (un anillo, por ejemplo), como señal de que sus padres están con él en el pensamiento".
 


 
Capacidad motora fina
 
Ya en el examen, tal vez la preocupación máxima de los padres sea la evaluación de la coordinación motora fina, es decir, la capacidad de recortar derecho por la línea o de hacer un trazo sobre la línea punteada. Y es lógico que se preocupen, porque a los 3 y 4 años un niño todavía encuentra dificultad en realizar estas tareas.
 
Como explica la profesora Patricia Quevedo, del nido Retama, el proceso natural supone que el niño desarrolle primero la coordinación motora gruesa (saltar, correr, etc.) y luego la fina: "Al inicio sus movimientos implican todo su cuerpo, no hay una segmentación de las partes del brazo, del tronco o de las piernas. Es através de una búsqueda lúdica y con sentido que desarrolla sus movimientos finos a fin de prepararse para la escritura. No podemos esperar que coja bien el lápiz si no ha jugado en campo abierto, pues sus movimientos serán torpes y descoordinados. Por eso es preocupante que se usen instrumentos de evaluación con algunas consignas incompatibles con la edad y etapa de desarrollo de los niños".
 
Pero ya que los colegios evalúan la capacidad motora fina tan temprano, los chicos deberán ejercitarse en ello. En este sentido, Quevedo recomienda darle un sentido a esta tarea pidiéndoles a los chicos cosas como: "Vamos a pintar el dinosaurio, pero no vale salirse de la línea porque al costado está la cueva grande donde él vive. ¿Qué más hay en el lugar donde vive?". Sin duda, así es más motivador colorear sin pasarse de la línea y la tarea adquiere sentido.
 

 
Evaluación integral
 
De otra parte, no debemos perder de vista algo que comenta la psicóloga Giuliana Brazzini, del nido Chiquitines: "Hoy en día los colegios dicen que le dan mayor importancia al aspecto emocional: independencia, cómo se relaciona con los demás, cómo se integran, juegan, etc.". Este es un dato importante y nos conmina a no sobrevalorar la motricidad fina ni obligar a los pequeños a hacer trabajo de mesa de una manera aburrida ni por mucho tiempo,  ya que hay otros temas que se evalúan.
 
En unos centros educativos, por ejemplo, se le da prioridad a la parte de conocimientos, en otros a la parte motora fina y gruesa, en otros a la emocional (habilidades sociales, desprendimiento del niño con sus padres, etc.) o a una combinación de estas cosas.
 
Asimismo, no olvidemos que muchos colegios evalúan a los padres por medio de una entrevista. "Les interesa saber si su perfil es compatible con el de las familias del colegio. También desean medir su grado de compromiso, pues la idea no es que deleguen la crianza a los colegios", comenta Teresa Bahamonde, directora del nido Kangurito.
 
Finalmente, sacúdase los nervios pensando que si su hijo no ingresa a un colegio no es porque tenga menos habilidades que otros. Todo lo que eso significa es que ese colegio no es el más apropiado para él o porque ese lugar busca otro perfil de escolar.
 

 
¿Cómo es el examen?
 
En el examen de admisión no es necesario que el niño resuelva todo perfectamente, porque será evaluado en distintas áreas para que demuestre en qué es bueno y qué le falta desarrollar.
 
Aunque el examen es diferente en cada colegio, hay temas comunes. Teresa Bahamonde, directora del nido Kangurito, nos comenta:
  • Lenguaje: completar frases tipo "el niño se lava los dientes con su... (cepillo)" o decir analogías como "si como, dejo de sentir hambre; si tomo agua, se me va la... (sed)". También le pueden pedir que nombre los objetos de una foto o comente algo.
  • Motricidad fina: colorear sin pasarse de la línea, hacer un trazo sobre una línea punteada, pasar cuentas por un hilo de pescar, etc.
  • Motricidad gruesa: correr, dar volantines, saltar, parar cuando se indique.
  • Capacidad intelectual: dibujar una persona, mientras más elementos tenga, mejor.
  • Clasificaciones:   separar figuras por colores, seleccionar soló las frutas de una bandeja llena de cosas.
  • Contar del 1 al 5 o más, asociando número y cantidad.
  • Habilidades sociales: jugar con niños.
Los padres pueden ayudar a sus hijos a prepararse en estos aspectos, pero sin saturarlos, porque eso sería contraproducente.
 
Según la educadora Patricia Quevedo, del nido Retama, tendrá mayores posibilidades de ingreso un niño que tiene una rutina familiar ordenada, colabora con tareas en casa, recibe el reconocimiento de la familia por sus logros, realiza sus propios proyectos a través de juegos, resuelve problemas dialogando, es alentado recibiendo retos para su crecimiento y amplía su espacio nuclear jugando con amigos del barrio y visitando familiares.
 
Un estilo de vida así hará que el niño -explica Quevedo- tenga mayor seguridad para quedarse sin sus papás una cantidad de horas, para participar de la entrevista con la profesora, y tendrá más habilidades para socializar con niños y seguir las consignas de los juegos.
 
Antes de perder la calma con los exámenes, reflexione si el colegio elegido es conveniente para su hijo.
 
 
La angustia de mamá y papá
 
Por lo general, cuando un niño no ingresa a un colegio, los padres no reciben ninguna explicación sobre los motivos. Entonces se angustian, sienten que el colegio de sus sueños se esfuma y empiezan a desconfiar de las habilidades de su hijo, cosa que él percibe y no le hace nada bien.
 
"Los niños se afectan porque sienten la angustia y porque los presionan a través de terapias innecesarias para que estén listos para el 'retest', que es un entrenamiento y no un aprendizaje natural ni progresivo", comenta Altica Martínez del Solar, directora del nido Little Villa.
 
"Para evitar esto, ayuda mucho elegir un colegio que se adapte a las necesidades de cada niño. Se debe priorizar este aspecto antes que temas de estatus o alta exigencia académica; si no, los niños podrían tener experiencias negativas que causen estrés y fracaso escolar", añade Martínez del Solar.
 
Hay muchos factores por los cuales un pequeño sale desaprobado. Como dice la psicóloga Giuliana Brazzini, del nido Chiquitines: "El niño puede estar ansioso, tocarle un chico que lo moleste, se puede sentir mal, etc. Por otro lado, si desaprueba en más de un colegio, sería bueno pensar si realmente esas opciones elegidas son adecuadas para el niño".
 
La directora del nido Alma Máter, Claudia Schiappa-Pietra, comenta que la angustia de los padres es tremenda porque la demanda de alumnos puede ser tres o cuatro veces mayor al número de vacantes que se ofrece. Y cuando esta angustia se transmite a los niños, ellos pueden manifestar cambios en la conducta, como comerse las uñas, llorar sin razón aparente, tornarse agresivos o sensibles y en algunos casos no controlar sus esfínteres.
 
De ahí la necesidad de que los padres tomen las cosas con calma. No ayuda estresarse, mucho menos estresar a los hijos.
 
 

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