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Autor: María Sánchez
Docente, Redactora y Escritora
 
 
 
 
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Padres, alumnos y autoridades, cuál es la mirada de los jóvenes respecto a la escuela y qué esperan los adultos de la misma es un tema que involucra a toda la sociedad.
 
En general, la concepción actual sobre el papel de la escuela en la vida cotidiana de los jóvenes ha sufrido un desplazamiento con respecto a la noción tradicional que se mantenía sobre la misma.
 
Ello se ha producido a raíz de un cambio que no sólo se circunscribe al ámbito escolar, sino que está ampliamente ligado al impacto de los diferentes aspectos que rigen la sociedad.

Así, actualmente, la escuela en vez de representar una figura que proporcione una formación didáctica y asegure un escalonado desarrollo hacia un futuro profesional, es percibida como un lugar transitorio de encuentro y socialización entre los adolescentes.

La escuela es vista como una institución poco ligada a la vida, cuya asistencia es obligatoria pero no asegura ningún éxito. Es una ocupación que saca tiempo para lo verdaderamente importante y que no genera mayores responsabilidades. De ahí, el bajo rendimiento y permanente deserción escolar.

Además de un certero refugio con sus pares, la escuela significa para los jóvenes un sitio de frecuente desencuentro con los adultos.
 

 
Rol de la escuela dentro de la sociedad
 
El ámbito escolar está desbordado y necesita apoyarse en otras instituciones para articular su funcionalidad. Así, incentivar el desarrollo de actividades físicas, artísticas o intelectuales anexas a la escuela irá creando en los jóvenes una conciencia disciplinaria.

De modo que responsabilizarse con una rutina de estudio, preparación y esfuerzo intelectual en otras áreas tenderá a dinamizar la función del sistema escolar. Posibilitándole al adolescente la interacción con otros grupos sociales, el empleo de su tiempo en una actividad alejada del ocio o cualquier vicio. Y fundamentalmente, el reconocimiento de su persona con respecto a una actividad en la cual se sienta plenamente identificado.
 

 
La escuela debe no sólo desarrollar su tarea específica de enseñanza, sino también poder brindar a sus alumnos una formación de vida. Es decir, los chicos también deben poder recibir en su aula contención, herramientas que lo formen en la construcción de sus valores, conciencia laboral, formación sexual, etc.

La escuela es una recuperación de la funcionalidad humana y su encausamiento en el campo del saber. Por lo tanto es una tarea conjunta e interdisciplinaria bregar por la formación de cada individuo. Labor que requiere compromiso y responsabilidad e involucra a alumnos, docentes, padres, autoridades y demás eslabones del sistema social para su concreción.
 
 
Cómo motivar el vínculo entre la escuela y los adolescentes

Como ya se ha insistido anteriormente, es de vital importancia el compromiso e inherencia de la sociedad en su conjunto para con el ámbito escolar. Es por ello que cada quien desde su espacio puede y debe contribuir con su aporte.

La indisciplina es una manifestación de rebeldía que esconde una realidad contundente, en ocasiones flagelante. Por lo cual, conocer de cerca a los adolescentes es primordial. Indagar en sus inquietudes, problemáticas, necesidades, miedos, etc. resulta trascendental. En otras palabras, decodificar sus señales es atinar con el quid de la cuestión.

La adolescencia es una etapa muy compleja, de permanente cambio e inestabilidad emocional sumada a una introversión poco corrompible. Es por eso, que en la medida que sus tiempos y espacios lo permitan, acercarse a la cultura adolescente y rescatar lo valioso de la misma, sin críticas, será un buen paso hacía el diálogo y la apertura comunicativa.

Y como eje motivador central, generar proyectos y puestas en marchas concretas y comprometidas con la escuela y el desarrollo de los futuros adultos de un país.

En la búsqueda de una mejor educación, conceptuar, menospreciar y subestimar una etapa tan conflictiva de la vida como lo es la adolescencia en un joven es pecar de la mayor de las ignorancias.
 
 
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